sábado, 2 de octubre de 2010

La luna encantada

Erase que se era, un país en el que el monarca se divertía cantando canciones a todas horas del día, al principio, en este bonito lugar esto era gracioso para los habitantes y hasta alegre, pero pronto se dieron cuenta de que él rey había enloquecido, no quería comer, ni dormir, decía que solo vivía para cantarle a la luna preciosa.
- Papá, no digas tonterías, pero si estamos en pleno día.¿¡A que luna le cantas!?. Decía Matilde su hija mayor.
- La luna preciosa de la que me he enamorado esta detrás del luminoso sol, y ella me esta escuchando. Repetía él.
-Pero papá, no digas estupideces la luna no escucha ni enamora a nadie. ¡Te has vuelto loco! Repetía ella.
La luna detrás de la luz del sol miraba al pobre monarca, que miraba el cielo buscándola.
Se equivocaba Matilde al pensar que la luna no escucha, pero si acertaba en que la luna no enamoro a nadie, por qué ella tan vanidosa solo quiere verlos sufrir desde el cielo, la luna no enamora, la luna hechiza.
¿Pero por qué hechiza la luna? La luna tiempo atrás era símbolo de amor, los jóvenes cortejaban a sus damas a la luz de esta por que ella, la luna, les mandaba luz romántica desde el cielo, pero desde hacía un par de siglos, esta solo quería que los humanos sufrieran enamorándose de ella o haciéndoles la vida imposible, ¿por qué había cambiado la luna?
La princesa Matilde anunció que recompensarían a quien lograra que su padre dejará de cantarle extrañas canciones a la luna día y noche.
El pueblo entero hablaba de esto y tanto alboroto fue que muchas personas, también de otros pueblos cercanos acudieron buscando un poco de dinero extra, miles de súbditos se presentaron en el castillo.
El rey seguía cantando en el salón mirando por la ventana con la esperanza de ver a la luna.
La gente se amontonaba en fila mirando al monarca y a la princesa Matilde.
El primero fue un malabarista que escupía fuego en uno de sus trucos, pero lo único que logro fue que las cortinas de palacio ardieran, los sirvientes las apagaron y sustituyeron por otras mientras el pobre hombre se iba cabreado.
La segunda fue una mujer que le contó una leyenda antigua, pero el monarca, muy maleducado, subió el tono así no dejando hablar a la mujer, que se fue malhumorada. Las personas lo iban intentando, pero ninguna logro que él rey dejara de cantar, la princesa Matilde estaba desanimada y iba a desistir cuando una niña entro corriendo en palacio.
- Hola señor rey, mi mamá me dijo que usted es una persona muy importante, y que ahora estaba pasando por un mal momento así que aquí le traigo una sabrosa tarta de chocolate hecha por mí misma. Exclamo alegre la pequeña.
Poco después entro una mujer mayor pero muy hermosa que venía riñendo a la niña que acababa de entrar.
- No puedes entrar así en palacio Carmen, pide disculpas ahora mismo.
-¡No, solo me ha traído esta tarta no le riña! Exclamo asombrado el rey.
El monarca miro detenidamente a la señora y no quiso cantar más, se había enamorado de verdad, y la luna al darse cuenta de que el amor de verdad es más potente que la magia decidió hacer que todo el mundo estuviera enamorado, y ella los ayudaría.


¡Fin!